Nacimientos que se convierten en valiosas piezas de colección

Tlaquepaque, Jalisco.- Héctor Íñiguez Saldaña pertenece ya a la generación de artesanos mexicanos que traspasaron la línea de tiempo del siglo XX. Para este especialista en armar nacimientos, la palabra regateo no está en su diccionario, pero otras, como la dignidad, sí.  “Ya se sabe que estamos en el país del regateo, y siento que el que debe de darse su lugar es uno, si vale 100 pesos y te quieren dar 50, pues no. Yo sí valoro mi trabajo y sí, se vale que regateen, pero no tirar tan duro; te puedo bajar 10 o 15 pesos, dependiendo del tamaño, pero no regalar mi trabajo y mi esfuerzo”, afirma. 

Nacimientos que se convierten en valiosas piezas de colección
Nacimientos que se convierten en valiosas piezas de colección
Nacimientos que se convierten en valiosas piezas de colección

Tlaquepaque, Jalisco.- Héctor Íñiguez Saldaña pertenece ya a la generación de artesanos mexicanos que traspasaron la línea de tiempo del siglo XX. Para este especialista en armar nacimientos, la palabra regateo no está en su diccionario, pero otras, como la dignidad, sí.  “Ya se sabe que estamos en el país del regateo, y siento que el que debe de darse su lugar es uno, si vale 100 pesos y te quieren dar 50, pues no. Yo sí valoro mi trabajo y sí, se vale que regateen, pero no tirar tan duro; te puedo bajar 10 o 15 pesos, dependiendo del tamaño, pero no regalar mi trabajo y mi esfuerzo”, afirma. 

Para este oriundo de Guadalajara, pero radiado en Tlaquepaque, paradójicamente, quienes le han enseñado lo que su trabajo vale no son mexicanos: “una vez no sé cómo, una persona de Dinamarca vino a buscarme, menos aún sé cómo me encontró, pero vino y compró un nacimiento y luego una casa de artesanías; me dijo que había una persona interesada y tuvimos una cita. Nos vimos y fue, para mí, exagerado, pero ahí vi como el extranjero valora la mercancía de uno. Estando ya juntos, sacó las piezas de una bolsa y la desenvolvió y me preguntó que si yo hacía eso”, dijo al explicar que esa persona llegó desde Europa con muestras de su trabajo, para comprárselas a buen precio y llevárselas al “Viejo Continente”. 

Consideró que mucha de la aceptación de sus creaciones se debe a que ha mantenido los procedimientos originales, que aunque no redundan en cantidades exponenciales, como si fueran producidos en serie, sí conservan la esencia que los hace originalmente únicos. Por ello, dice: “Aquí la tecnología no entra, se sigue haciendo todo artesanal, como empezó a hacerse. Hay que comprar el barro, y se compra en costales, tipo tierra, luego lo cierne (cuela) uno, para que se haga finito, le quita las impurezas, después le agregas agua para hacer la masa y el barro. Después, se quema en horno a gas o leña; obviamente, previo a esto, se crea la pieza en el molde, se le quita la rebaba y se deja a la sombra, porque si lo pones en el sol tiende a enchuecarse”. Explicó que el proceso concluye cuando el barro es quemado durante unas tres horas en un horno y cuando la pieza sale, comienzan a esmaltarla, “a ponerle cara, pelo, comenzar a decorar y a darle el acabado”. 

Íñiguez Saldaña refiere que su centro de trabajo es un taller familiar, no una cooperativa, en el que él y su familia han trabajado muchos años, toda la vida: “mi mamá y mi papá se dedicaron a la artesanía y alfarería, y a otras cosas, y mi mamá agarró este giro de nacimientos y yo seguí con él”, agregó. Dijo que hace diversos nacimientos, modernos o tradicionales, pero éste último, es, según él “el mero mero” (el mejor), que consta de borreguitos, pastores, arbolitos, animalitos. “Creo que un nacimiento de esos tendrá ya unos 50 o 60 años y fue, en su momento, una idea nueva que a alguien se le ocurrió y otras personas lo retomaron, o lo copiaron y aquí estamos”. 

Todo es de barro, utilizamos pinturas vinílicas, automotivas, pinceles, brochas de las comunes, hasta pinceles de pelo de gato, de camello, sintéticos y otra cosa que en lo personal he tratado de no quedarme atrás en es innovar. “Creo que no somos muchos ya los que quedamos en este tipo de artesanía, le meto calidad, nadie le echa más que yo, porque es costoso, pero creo que no debe escatimarse en eso, porque cuando uno tiene la idea de mejorar, no importa”, dijo. 

Satisfecho, pese a lo difícil que resulta completar el círculo de producir y vender, señaló que sus creaciones tienen buena salida en centros turísticos como Cancún y Puerto Vallarta de donde son llevadas a todo el mundo.