Los Atlantes de Tula: vigías ancestrales del México de todos los tiempos

Tula de Allende, Hidalgo- Hay quienes los confundieron con representaciones del dios Quetzalcóatl, pero son “solamente” cuatro guardianes de la cultura tolteca que han sido testigos del paso del tiempo, en territorio tolteca, al México del Siglo XXI, desde la Nueva España al México Independiente. 

Los Atlantes de Tula: vigías ancestrales del México de todos los tiempos
Los Atlantes de Tula: vigías ancestrales del México de todos los tiempos

Tula de Allende, Hidalgo- Hay quienes los confundieron con representaciones del dios Quetzalcóatl, pero son “solamente” cuatro guardianes de la cultura tolteca que han sido testigos del paso del tiempo, en territorio tolteca, al México del Siglo XXI, desde la Nueva España al México Independiente. 

Son los Atlantes de Tula, cuatro figuras antropomorfas, referente altivo de Tula y de esa cultura, cuyos vestigios son “vigilados” por esos ancestrales gigantes. Estos cuatro gigantes, no son, en efecto, representaciones del dios mexica, similar al famoso Kukulcán maya. Y aunque el tiempo se encargó de desmentir que Tula fue la sede del gobierno de la venerada deidad prehispánica, los pobladores mantienen como referencia de su origen al imperio que sigue inspirando el espíritu de los pobladores del centro del México actual. 

Hoy es sabido que la Tollan, gobernada por Quetzalcóatl, es más una ciudad mítica, que justificó el poderío de la cultura tolteca surgida en Tula; aún así, los detalles y maestría de las estructuras que conforman la Zona Arqueológica de Tula, dan cuenta de una civilización importante para la cultura Mesoamericana. También, el tiempo descubrió que los cuatro gigantes de Tula no son vigías, sino un conjunto de columnas que sostenían sobre sus cabezas el techo de uno de los templos principales del centro ceremonial que en sus tiempos de esplendor, fue el eje social, económico y cultural de la región, conocida hoy como Hidalgo. 

Hoy en día, los también llamados Atlantes de Tula, ubicados en lo alto del templo de Tlahuizcalpantecutli, representan el atractivo principal del conjunto, con sus detalles labrados en bloques de basalto, representaciones guerreras con pectorales, atlatl, y armas. Las imponentes estructuras de 4.5 metros de alto son acompañadas por otras columnas que seguramente complementaron la base de la edificación. 

La pirámide que alberga a los gigantes es sólo una de los varios edificios que pueden visitarse dentro del área, que posee otros tesoros de gran valor artístico, como el Chac Mool localizado en la base de la pirámide, o los muros con serpientes que decoran el piso inferior. La enorme plaza de la que forma parte la pirámide de Tlahuizcalpantecutli o Piramide B, también es por sí misma una referencia arquitectónica. Inspirada en las edificaciones de Teotihuacan, posee también características que en su época sólo podían encontrarse en territorios mayas. 

Así, Tula se consagra como un lugar de encuentro entre dos de las culturas que mayor influencia ejercieron sobre Mesoamérica. La Zona Arqueológica de Tula está a 70 kilómetros de la Ciudad de México, en las afueras de la ciudad de Tula de Allende y el camino para llegar a ese enclave tolteca está bien señalizado y en sencillo alcanzarlo desde el Arco Norte de la Ciudad de Puebla.