Huasca de Ocampo, poblado de versátiles atractivos celebra 18 años como primer Pueblo Mágico de México

Huasca de Ocampo, Hidalgo- Fue en 2001 cuando la Secretaría de Turismo Federal creó el Programa de “Pueblos Mágicos” para impulsar el desarrollo de las localidades del país a través del turismo, y para ello estableció varios requerimientos que las localidades aspirantes debían tener para lograr el título. Entre ellos, figuraban contar con atributos simbólicos, historia y manifestaciones socio-culturales trascendentes.  La denominación “Pueblo Mágico” es, desde entonces, sinónimo de arquitectura histórica, paisajes naturales y tradiciones arraigadas. 

Huasca de Ocampo, poblado de versátiles atractivos celebra 18 años como primer Pueblo Mágico de México
Huasca de Ocampo, poblado de versátiles atractivos celebra 18 años como primer Pueblo Mágico de México

Huasca de Ocampo, Hidalgo- Fue en 2001 cuando la Secretaría de Turismo Federal creó el Programa de “Pueblos Mágicos” para impulsar el desarrollo de las localidades del país a través del turismo, y para ello estableció varios requerimientos que las localidades aspirantes debían tener para lograr el título. Entre ellos, figuraban contar con atributos simbólicos, historia y manifestaciones socio-culturales trascendentes.  La denominación “Pueblo Mágico” es, desde entonces, sinónimo de arquitectura histórica, paisajes naturales y tradiciones arraigadas. 

Todas esas características encajaron perfectamente en un pequeño poblado de Hidalgo: Huascazaloya, que significa, según la lengua náhuatl, “lugar de regocijo o alegría”, mejor conocido como Huasca de Ocampo y que, con esos atributos, convenció al Gobierno Federal del entonces Presidente, Vicente Fox, para ser el primero de todo México en obtener el título de “Pueblo Mágico”. 

Hoy, 19 años después, prevalece con esa denominación, por su belleza natural y la creada por sus pobladores, pero sobre todo por el esfuerzo de esos habitantes para que conserve los atributos que le dieron esa magia. Se trata de un poblado que desde mucho tiempo atrás había entrado al imaginario colectivo de una nación, quizás no cómo un producto compacto, sino a través de sus diversos tesoros de gran potencial turístico. 

Las Haciendas de Santa María y de San Miguel Regla, son quizás dos de los tesoros arquitectónicos más conocidos de Huasca. Ubicadas a las afueras del poblado, ambas haciendas poseen un ambiente místico gracias a su arquitectura barroca bien preservada que data de los siglos XVII y XVIII y cuyos detalles ponen de manifiesto el papel que sus muros representaron en los tiempos del auge minero de la región. Edificadas por Pedro Romero de Terreros, Conde de Regla, fueron en su época de esplendor motivo de admiración de los que las conocían. Actualmente, la Hacienda de San Miguel Regla, cuenta con parque ecoturístico, un centro psícola y un centro gastronómico artesanal. La Hacienda de Santa María Regla, ubicada en los linderos de la Barranca de Alcholoya, hoy por hoy, un hotel de gran turismo enmarcado por el bosque de Huasca y los Prismas Basálticos, estos últimos, sin duda, de los más bellos tesoros naturales del país con sus columnas naturales de más de 40 metros de altura, tallados por las corrientes del agua que llegan desde la presa de La Regla. Pero la magnificencia de este tesoro natural no puede disfrutarse en todo su esplendor desde los jardines de la ex Hacienda. 

Para entender la razón por la que los Prismas Basálticos han impresionado a viajeros de todo el mundo y todos los tiempos, lo mejor es ir al Parque Temático del mismo nombre, donde por 100 pesos puede disfrutarse de áreas verdes, juegos infantiles, albercas y otras amenidades. Allá, los afortunados que lleguen, pueden gozar de varias perspectivas de las columnas creadas a partir de la lava de algún volcán que hizo erupción hace cientos de años. 

Huasca es un Pueblo Mágico de gran misticismo, el ambiente natural del lugar rodeado de bosques de coníferas, ha dado pie a historias y mitos de gran fantasía, como el de los duendes que, se supone, habitan en el bosque y bajan al pueblo de vez en vez, algo así como los aluxes del sureste. En honor a estos personajes, fue construido el Museo de los Duendes, donde son guardadas las que más de uno considera como pruebas de la existencia de estos misteriosos seres: unas madejas de fibra natural, tejidas con tanta maestría que hasta ahora, nadie ha podido deshacer.  

Pero quizás el mejor lugar para vivir la magia de Huasca sean sus calles empedradas que resguardan el antiguo y pequeño templo de San Juan Bautista, con su mercado tradicional, sus casitas con techos que combinan tejas de barro y plástico y su pequeño kiosko, acondicionado como oficina de turismo, que son capaces de trasladar al visitante hasta sus tiempos de esplendor allá en los albores del siglo XVIII. Así, caminar por Huasca de Ocampo es, sin lugar a dudas, la mejor manera de comprender, de una sola vez, lo qué significa ser un Pueblo Mágico, pero uno muy especial, el primero de todos los que en México alcanzaron esa denominación.