Conoce la leyenda de la Mano Negra del templo de San Agustín, en Morelia

Este lugar es uno de los atractivos que se deben conocer para saber más sobre la historia del destino, además su Pinacoteca es un deleite visual. Está dentro de una capilla lateral, y cuenta con oleos de personajes ilustres de la época de la Nueva España pintados por Javier Tapia.

Conoce la leyenda de la Mano Negra del templo de San Agustín, en Morelia

Morelia, Mich., 20 de enero.- En la antigua Valladolid, hoy Morelia, está el templo y ex convento de San Agustín, un recinto que data de 1550, construido con influencias góticas, y en cuyo interior hay muchas obras de arte y reliquias.

Actualmente, además de ser un sitio histórico y de riqueza arquitectónica, también guarda entre sus paredes la leyenda de la Mano Negra, la cual se mantiene viva por generaciones. Se dice que el padre Marocho, un sacerdote reconocido entre la comunidad por sus virtudes personales y habilidad con la pintura, visitó el Convento de San Agustín.

Una madrugada leía en su habitación con la luz de una vela cuando escuchó un sonido raro junto a él, al girar la cabeza, vio unas manos negras, cuyos brazos se perdían en la penumbra, una de éstas apagó la vela.

El sacerdote, lejos de alterarse, habló con aquel ser que lo distrajo y le dijo: “ahora, para evitar travesuras peores, con una mano me tiene usted en alto la vela para seguir leyendo y con la otra me hace sombra a guisa de velador, a fin de que no me lastime la luz”.

Las manos obedecieron al padre Marocho hasta que el Sol salió. Al no ser necesaria la luz de la vela le, pidió a las manos: “Apague usted la vela y retírese. Si necesito otra vez sus servicios, le llamaré”, y desaparecieron.

El padre se quedó varios días más en el convento y estableció mayor comunicación con las manos; por las noches le ayudaban a leer y por las tardes le pasaban pinceles para pintar cuadros con los increíbles paisajes de Morelia.

Una noche antes de que dejara el lugar, vio nuevamente a la misteriosa mano negra, que le señalaba insistentemente una parte de su celda. Aunque extrañado por el hecho, no se sintió tentado por ver lo que querían indicarle. No ambicionaba riquezas, así que hizo caso omiso, durmió y al día siguiente salió hacia su lugar de origen, pero registró este hecho en documentos del Convento de San Agustín.

Muchos años después, un novicio de la orden de San Agustín leyó la historia en papeles antiguos del convento. Al mirar con cuidado se dio cuenta de que era la misma celda donde dormía, así que fue a su habitación, buscó en el lugar que la mano negra señaló y encontró un tesoro.

Actualmente, el templo de San Agustín sigue en funciones y se ubica en García Obeso No. 162, en el Centro Histórico.

Con información e imágenes de Nómada Noticias y Galu Comunicación.